Cuando me pidieron colaborar en este proyecto dando la formación inicial me alegró mucho. Por un lado, por el proyecto en sí mismo que me parecía muy interesante y por otro lado, por que la gente que me lo pedía ya me había demostrado otras veces que la formación no se quedaría ahí sino que el tema se llevaría hasta el final, con su empuje, seguimiento y apoyo, como así ha sido. Dar la formación inicial del profesorado fue muy satisfactorio, por su entusiasmo y motivación.
Desde hace años vengo trabajando en educar para la paz. Creo que es una tarea posible, necesaria y urgente. Hoy más que nunca. Dentro de ella el tema de educar en y para el conflicto se ha convertido en una tarea básica, con la necesidad de hacer diversos cambios en el ámbito educativo tanto a nivel de comportamientos, como a nivel de actitudes y a nivel de estructuras. Educar en y para el conflicto, significa poner en marcha una serie de iniciativas y educar en desarrollar toda una serie de habilidades y herramientas. Poner en marcha una serie de programas, empezando desde el primer día de curso: provención, análisis y negociación de conflictos, ayuda entre iguales, mediación…
En este proyecto hemos trabajado sobre todo con la provención: proveer a la comunidad educativa de un conjunto de herramientas y habilidades, así como crear un clima de aula y de centro, que nos permitan afrontar los conflictos cuando apenas están empezando, sin esperar a que lleguen a su fase de crisis, habitualmente con agresión y violencia. La provención pasa por construir una escalera, paso a paso, respetando el ritmo de las personas y del grupo con el que trabajamos (tanto con el alumnado como con el profesorado y todavía mejor si también con padres y madres). Una escalera de caracol ya que los procesos humanos nunca son lineales, sino circulares. Una escalera que empieza el primer día favoreciendo el proceso de formación de grupo, en el que todos y todas estemos integrados desde nuestra propia identidad, con: presentación, conocimiento, confianza y aprecio (autoestima y estima a los y las demás). Para continuar aprendiendo a comunicarnos de una forma efectiva, activa y empática. Aprendiendo a expresarnos, aprendiendo a utilizar los diferentes canales de comunicación y aprendiendo a escuchar de forma activa. Esta es la base de poder aprender a tomar decisiones por consenso, decisiones en las que todas las personas hayan tenido la oportunidad de expresarse y se sientan representadas en la decisión final. Y con todo ello, habremos ido creando las bases de aprender a cooperar, tanto a la hora de hacer un trabajo en común, como a la hora de aprender, como a la hora de tomar decisiones, como a la hora de resolver un conflicto.
Se nos dice que los contenidos curriculares (de hechos y conceptos) están reñidos con los contenidos de actitudes y procedimientos. Que no hay tiempo y que tenemos que concentrarnos en dar contenidos (no aceptando que las actitudes y procedimientos también lo son). Pero no hay contradicción. Una clase en la que hemos construido grupo en un ambiente de conocimiento, confianza, respeto y valoración, está más abierta y motivada a trabajar y a aprender. Por el contrario, si no hay grupo, será más difícil que haya motivación por participar, por aprender y surgirán permanentemente conflictos innecesarios que nos harán pasar del rol de maestro/a al de apagafuegos, cuando no a roles peores. Una clase donde el alumnado sabe comunicarse y hay espacios para ello (asambleas por ejemplo) será más fácil que ante los conflictos se recurra como mi primera opción a la comunicación y no a los golpes. Una clase, un equipo docente, un claustro donde se saben tomar las decisiones por consenso, de forma cooperativa, será más fácil que tomen decisiones donde todas las personas se sientan participantes y representadas con la decisión final, motivándolas a respetarla y llevarla adelante. Las tomas de decisiones impositivas, por mayorías ajustadas, por cansancio,… están en el foco de muchos conflictos del ámbito educativo (y de otros).
Se nos dice que hay que preparar a los chicos y chicas para ser competitivos ya que es el perfil del mercado laboral y del mundo actual. Pero nada más lejos de la realidad. En la actualidad el perfil de una persona para el trabajo es el de alguien con capacidad para trabajar en grupo, con capacidad de comunicación, con capacidad de tomar decisiones en equipo y de afrontar y resolver conflictos de forma creativa y satisfactoria. ¿Y para la vida? Otro tanto. Son estas habilidades las que nos permiten vivir con (convivir) los y las demás mejor y ser más felices.
Los resultados del proyecto creo que son muy satisfactorios y nos invitan y motivan a seguir adelante. Cuanto más se introduzca esta forma de trabajar en todas las áreas curriculares y no sólo en unos espacios y tiempos determinados y cuanto más actores socializadores (resto del claustro, padres y madres,…) caminen en la misma dirección, los resultados de educar en la cooperación y educar en el conflicto serán más y más satisfactorios. Se puede aprender a cooperar, se puede aprender a convivir de forma solidaria, se puede aprender a resolver conflictos de forma positiva… NO hay tiempo que perder y este proyecto nos invita a ello.
Un fuerte abrazo a todo el profesorado que ha hecho el esfuerzo y ha puesto la ilusión para llevar el proyecto adelante. Ánimo y a continuar.